domingo, 23 de octubre de 2016

La ciudad de Toro

La ciudad zamorana de Toro tuvo un papel crucial en la historia de España, sin entrar en consideraciones acerca de si hoy en día merece el título de ciudad o pueblo por su número de habitantes, algo más de 9000, no se puede negar su importancia como Ciudad entre los siglos XII y XVI, además de que continúa siendo cabecera de comarca de varios municipios más pequeños que la rodean.
Fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1963, se necesita más de un día para recorrer y pararse a contemplar con detenimiento cada uno de sus monumentos, no obstante en este caso, al tratarse de una excursión con horario programado, he tenido que escoger sólo unos cuantos para incluirlos en este post.

Colegiata de Santa María La Mayor

La repoblación de Toro se remonta a finales del siglo IX, en tiempos del infante García I de León, ya que en aquella época la ciudad pertenecía al reino de León. Hasta aquí llegaron asturianos, vascos y navarros para comenzar una nueva vida y echar raíces en esta villa construida en una posición estratégica, en el valle del río Duero, lo que contribuyó a su rápido desarrollo urbano.

En la imagen inferior se puede ver el Puente Mayor de Toro, de piedra arenisca, con veintidós arcos apuntados.




Durante toda la Edad Media, Toro tuvo representación y voto en las Cortes del Reino y de la Corona, fueron las primeras en las que hubo representantes del pueblo llano.

Pero, si hay algo que marcó para siempre la historia de esta villa, fue sin duda la Batalla de Toro de 1476 librada en sus alrededores, en la que lucharon los partidarios de Juana "La Beltraneja", dirigidos por el entonces rey de Portugal, Alfonso V, contra los que apoyaban a Isabel, al frente de los cuales iba su esposo, Fernando de Aragón. Esta batalla fue decisiva en la Guerra de Sucesión Castellana, en ella se aseguró el trono Isabel y se unificaron los reinos de León, Castilla y Aragón. 
Años después, ya fallecida la reina Isabel La Católica, en 1505 se reunieron Las Cortes de Castilla en Toro, para confirmar el testamento de la reina y para promulgar las Leyes de Toro, redactadas antes de su muerte y destinadas a unificar la legislación de los diferentes reinos, de estas 83 leyes deriva el posterior Código Civil de 1889.


El alcázar es una de las construcciones más antiguas de la ciudad, el original data de principios del siglo X, aunque posteriormente se realizaron sucesivas modificaciones. Formó parte del conjunto de murallas que rodeaban a Toro y fue residencia ocasional de diferentes monarcas, Fernando III, Alfonso XI, Pedro I El Cruel, Enrique II y de Alfonso V de Portugal y Juana La Beltraneja durante la Guerra de Sucesión Castellana.


Muy cerca del alcázar, que actualmente alberga el Centro de Recepción de Visitantes, se encuentra La Colegiata de Santa María La Mayor, cuya imponente figura se puede apreciar desde distintos ángulos y perspectivas, con sus diferentes estilos arquitectónicos adquiridos a lo largo de siglos, lo que, sin embargo, no resta armonía al conjunto.



























Su construcción comenzó a finales del siglo XII , se realizó en dos fases por talleres y maestros distintos, de ahí el estilo románico en transición al gótico. El primero utilizó piedra caliza blanquecina y fue el creador de la cabecera y las portadas laterales, sin embargo, el segundo maestro empleó piedra arenisca de color rojizo.
La impresionante cabecera está compuesta por tres ábsides y el central es el que concentra toda la decoración.
El cimborrio pertenece al grupo de "los Cimborrios del Duero", como los de las catedrales de Zamora, Plasencia y Salamanca, consta de dos pisos y forma de prisma de dieciocho lados, los vanos están adornados por arquivoltas polilobuladas.
En su interior destaca el Pórtico de La Majestad, antigua puerta principal de la Colegiata, que se encuentra bajo un pórtico del siglo XIII, es de estilo gótico y, tras una cuidada y larga restauración, muestra su policromía original con escenas de la vida de la Virgen, Jesús y el Juicio Final. En este caso, no ha sido posible conseguir una imagen ya que este año La Colegiata, junto con la iglesia del Santo Sepulcro, es la sede de la exposición itinerante de Las Edades del Hombre y no está permitido hacer fotografías en el interior.


En esta exposición, que en 2016 se denomina Aqua por estar dedicada al agua como símbolo cultural y de religiosidad, podemos admirar magníficas obras de arte sacro, de diferentes siglos, de artistas como Pedro Berruguete, Francisco de Zurbarán, Juan de Juni y Gregorio Fernández, entre otros.
A través de distintas pinturas, esculturas y objetos relacionados con el bautismo se hace un recorrido cronológico por los textos de la Biblia, mostrando acontecimientos y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento. Desde su comienzo, el 28 de abril, lleva más de 200.000 visitantes y finaliza el 14 de noviembre.


























Enfrente de la iglesia del Santo Sepulcro, en la Plaza Mayor, se encuentra el Ayuntamiento de Toro. El edificio es de estilo barroco clasicista, fue diseñado por el arquitecto Ventura Rodríguez en 1778 y construido en el lugar que ocupaba el antiguo ayuntamiento del siglo XVI, el cual se quemó en un incendio el año 1761. En la planta baja tiene un soportal con cinco arcos de herradura y en la planta de arriba un balcón con cinco ventanales enmarcados por seis grupos de doce columnas, lo corona un frontón con el escudo de la ciudad.
Dejando la Plaza Mayor a la izquierda, continuamos la ruta por la Calle Mayor en dirección a la Puerta del Mercado.































Al fondo se percibe la Torre o Arco del Reloj, la cual formaba parte del recinto amurallado de Toro, se comenzó a edificar en 1719, en el reinado de Felipe V y fue diseñada por el arquitecto Joaquín Churriguera,
es de planta cuadrada y como material se empleó piedra de sillería. Dentro de la torre se encuentra una escultura del Sagrado Corazón de Jesús, que sustituye a la Virgen de las Nieves, trasladada a la iglesia del Santo Sepulcro. También contiene en su interior un reloj mecánico, de ahí su nombre.


La ciudad llegó a tener hasta tres recintos amurallados, de los restos del segundo recinto son el Arco del Reloj y el Arco del Postigo, sobre el que destaca una fachada de piedra con un balcón, cuya puerta también tiene forma de arco, está decorado con piedra labrada y rematado con un precioso relieve que representa a la Anunciación. En la Edad Media existió dentro del arco una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Antigua.


No muy lejos de allí, en la Plaza de San Julián, nos encontramos con la iglesia de San Julián de los Caballeros, reconstruida en el siglo XVI sobre un antiguo templo mozárabe por el arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón. La fachada fue reedificada en el siglo XIX, es de estilo gótico-renacentista y la Portada Principal que pertenecía al antiguo Convento de San Ildefonso, fue trasladada allí en 1879, al encontrarse en ruinas ese convento. En ella puede leerse la inscripción "En esta iglesia se mantuvo público el culto católico en tiempo de los sarracenos".




Además de sus monumentos, este municipio tiene otro protagonista destacable, el río Duero, que atraviesa el término de este a oeste y en algunos puntos de su valle llega a superar los seis kilómetros de anchura. La proximidad del río favorece la fertilidad de las tierras de cultivo, esto unido a las buenas condiciones climatológicas de esta zona, influye favorablemente en la calidad de sus viñedos y por lo tanto de sus vinos con la Denominación de Origen Toro.

























Y como el protagonista de la exposición era el agua (Aqua), no podíamos despedirnos de mejor manera que con el río Duero y con la lluvia que descargaron estas hermosas nubes sobre la ciudad de Toro.

Más información en:
www.turismoenzamora.es
www.turismotoro.com



























lunes, 17 de octubre de 2016

Ezcaray

Ezcaray fue declarada como "Primera villa turística de La Rioja", título bien merecido por la excelente conservación de su casco histórico y el hermoso paisaje que la rodea. Su historia se remonta al siglo X, cuando el rey navarro Sancho Garcés I decidió repoblar esta zona del valle del Oja con gente de las montañas alavesas y navarras, de ahí su nombre de origen vasco, del cual se dice que significa "peña alta" por una peña situada a la entrada del valle, a la que se conoce como "la picota de San Torcuato".




















Este precioso pueblo está situado en la sierra de La Demanda, al suroeste de La Rioja, a unos 15 km de la estación de esquí de Valdezcaray, a una distancia de unos 60 km de Logroño, que se pueden recorrer en coche en algo menos de una hora. Nada más bajar del coche salta a la vista que éste es uno de los municipios más bonitos y mejor conservados de la comunidad riojana.

Plaza del Quiosco











































Cada calle, plaza o casa posee un especial encanto por su interesante y cuidada arquitectura popular, las viviendas normalmente constan de tres plantas y en muchos de sus balcones destaca el colorido de las flores, que acompañan, adornan y realzan, aún más si cabe, la belleza de estos hermosos edificios.
Destacan también los soportales, construcción típica en las villas y ciudades de la Edad Media. A finales del siglo XV numerosas calles disponían de ellos, sobre todo cerca de las plazas del mercado o plazas mayores.


























Paseando tranquilamente por estas antiguas calles descubrimos vetustos palacios  y casas blasonadas de los siglos XVII y XVIII, en su construcción se emplearon piedras de sillería y sus balcones, puertas y ventanas son adintelados. Destacan el Palacio del Arzobispo Barroeta y el Palacio del Ángel, en cuya fachada se puede ver una hornacina con la imagen de San Miguel.


Palacio del Ángel
Otro palacio, actualmente convertido en hotel, es el Palacio Azcárate de 1750, que pertenecía a una familia de terratenientes con más palacetes y propiedades distribuidas desde el norte de España hasta Madrid.



















































A partir del siglo XVI, Ezcaray tuvo una importante industria textil y en 1752 se fundó la "Real Fábrica de Tejidos de Santa Bárbara", en honor de doña Bárbara de Braganza, esposa del rey Fernando VI, en 1773 Carlos III le concedió el privilegio de Compañía Real y desde entonces se llamó Compañía Real de San Carlos y Santa Bárbara en Ezcaray.
Llegó a ser una de las mejores de España, pero a comienzos del siglo XIX comenzó su decadencia debido al retraso tecnológico y a la guerra de la independencia, hasta que cesó definitivamente su actividad en 1845.
El edificio fue declarado Bien de Interés Cultural en 1992.


























Dentro del casco histórico destaca la iglesia de Santa María La Mayor, de arte románico en sus orígenes, data del siglo XII, aunque posteriormente, entre los siglos XIV y XVI su construcción continuó en estilo gótico. Es de piedra de sillería rojiza cárdena, típica de la sierra de La Demanda, fue declarada Bien de Interés Cultural en 1967.

La portada tiene varias arquivoltas apuntadas y guarda un tímpano que representa una Anunciación. Por encima podemos ver una balconada sobre ménsulas lobuladas, que está siendo adornada para la fiesta de la Virgen de Allende, patrona de Ezcaray, que se celebra el 24 de septiembre con una romería, desde Santa María La Mayor hasta la Ermita de la Patrona, para trasladar hasta allí a la Virgen.


Ezcaray es un pueblo para callejear, observar con serenidad y saborear cada rincón que aparece a la vista, es un hermoso lugar para guardar en la memoria y disfrutar de vez en cuando de su agradable recuerdo.
























Más información en:
www.lariojaturismo.com
ayuntamiento de ezcaray

domingo, 9 de octubre de 2016

La Rioja

En mi primera visita a la comunidad de La Rioja me ha sorprendido encontrarme con una tierra de contrastes, de diferentes paisajes, viñedos y sierras frondosas, ríos, huertas, pueblos perdidos entre montañas, monumentos arquitectónicos, bodegas, leyendas, tradiciones, peregrinos que recorren su camino hacia Santiago... y también una gran ciudad, Logroño, la capital.
En 1431 le fue concedido el título de "Ciudad" por el rey Juan II de Castilla, padre de Isabel La Católica y en 1444 se le añaden los títulos de "Muy Noble" y "Muy Leal", que aparecen todavía en su escudo.


El monumento más representativo de Logroño es la Concatedral de Santa María La Redonda, aunque allí todos la conocen como La Catedral. Está situada en el centro histórico de la ciudad, su construcción comenzó en el siglo XV, con sucesivas ampliaciones y remodelaciones hasta el siglo XVIII. Destacan sus "torres gemelas" de estilo barroco, obra del arquitecto Martín de Beratúa, enmedio de éstas se encuentra la fachada principal, construida como un retablo y cerrada por una reja de hierro forjado.
La Catedral es testigo del ambiente y bullicio de la antigua Plaza del Mercado y de la Calle Portales, con sus arcos, locales y terrazas que se van llenando de gente a medida que avanza el día.

Calle Portales
Logroño es una ciudad para todos los gustos, hay calles largas, calles estrechas y cortas, grandes avenidas, plazas antiguas, plazas renovadas, puentes sobre el río Ebro, numerosos parques... Una de las plazas más transitadas es la que se conoce como El Paseo del Espolón, presidida por la estatua del general Espartero y en la que también se encuentra "La Concha del Espolón", un escenario en el que se celebran actuaciones, verbenas y conciertos.

Paseo del Espolón

La Concha del Espolón
En una ciudad acostumbrada al frío, es todo un lujo disfrutar de un tiempo veraniego una vez comenzado el otoño, por eso no es extraño que sus vecinos salgan a la calle a disfrutar del sol mientras puedan.
No muy lejos de esta plaza nos encontramos con el mercadillo de artesanía, en el que los comerciantes exponen sus mercancías al aire libre.

















Pero si por algo se caracteriza Logroño es por la atracción que ejercen sus bares de pinchos, sobre todo en las famosas calles Laurel y San Juan, donde se pueden degustar unos exquisitos pinchos acompañados, como no, de un buen vino de Rioja. Estas dos calles y alguna más, repletas de bares y restaurantes, se conocen como "la senda de los elefantes", porque se dice que todo el que entra sale con trompa y a cuatro patas.























Bueno, este dicho popular es una exageración, está claro que se puede comer y beber moderadamente, pero desde luego, merece la pena probar alguna de estas exquisiteces en alguno de los numerosos locales de estas calles, las cuales suelen estar muy concurridas los fines de semana, pero sobre todo en las fiestas de San Mateo, a últimos de Septiembre. En la semana que duran las fiestas, Logroño se llena de gente, se respira el ambiente festivo por todas partes, la música invade la ciudad, hay conciertos, bailes, actuaciones, fuegos artificiales, en definitiva es una agradable experiencia.

Sin embargo, La Rioja tiene mucho más que ofrecer al viajero, saliendo de la ciudad se puede hacer un recorrido por los pueblos más cercanos, eso sí, escogiendo unos pocos para ver en unos días, ya que para recorrer toda la comunidad sería necesario bastante más tiempo.
Si nos dirigimos hacia el oeste desde Logroño podemos hacer una excursión que nos lleve hasta un precioso pueblo llamado Ezcaray, que conserva un entramado de calles antiguas, casas con balcones adornados de flores, antiguos palacios y caserones blasonados con piedra de sillería, entre otros edificios dignos de ver.
Tengo que reconocer que ha sido uno de los pueblos que más me ha gustado de La Rioja y le dedico una entrada completa en este blog.
Ezcaray
El siguiente pueblo escogido para esta excursión, que por su tamaño se considera más bien ciudad, es Santo Domingo de La Calzada, íntimamente ligado al Camino de Santiago, con una gran riqueza cultural, su casco antiguo está declarado Conjunto de Interés Histórico Artístico.




En la Plaza del Santo se encuentra la Catedral, que se empezó a construir en el siglo XII para guardar los restos del santo, fallecido en 1109. Santo Domingo dedicó la mayor parte de su vida a ayudar y facilitar el camino a los peregrinos que se dirigían a Compostela.




























La Torre de la Catedral es exenta al edificio, aunque desde esta perspectiva pueda parecer un solo conjunto, se eligió su ubicación aparte porque el terreno era más consistente para soportar el peso de una torre tan alta, mide casi 70 metros. Se puede subir hasta el campanario a través de una escalera de 132 peldaños, la subida es fatigosa pero desde lo alto, entre las campanas, se pueden contemplar distintas vistas panorámicas de la ciudad.

De vuelta a Logroño hacemos una parada cortita en Nájera, para recuperar fuerzas y captar unas bellas imágenes del río Najerilla, que atraviesa este municipio situado a los pies de la peña Malpica.



















































Por todos estos pueblos, caminos y carreteras de La Rioja es habitual encontrarse con los peregrinos que recorren su trayecto hasta Santiago de Compostela, personas de todas las nacionalidades se sienten atraídas por esta tradición y aunque, en ocasiones, el camino es duro y agotador, tienen el privilegio de disfrutar de espectaculares paisajes y conocer municipios y ciudades con una gran riqueza histórico-artística.

Llega el último día de nuestro viaje y después de despedirnos de Logroño, iniciamos el camino de vuelta, nos dirigimos al sur, hacia la provincia de Soria, pero hay que aprovechar el día y antes de abandonar La Rioja nos dejamos guiar por las instrucciones de un experto informador turístico, que nos aconseja realizar una ruta por carreteras secundarias y poco transitadas. Es de esta manera como se descubren pueblecitos perdidos entre montañas, que nunca habríamos encontrado sin salirnos del camino habitual. Como ejemplo tenemos Ortigosa y Nieva de Cameros, pueblos con un encanto especial.








Si necesitáis más información sobre La Rioja, os dejo estas páginas web:


























domingo, 25 de octubre de 2015

Aranjuez

El Real Sitio y Villa de Aranjuez fue declarada Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad en 2001. Fue ciudad de reyes y nobles, desde los Austrias hasta los Borbones tenían por costumbre trasladar la corte de sitio según la estación del año en la que se encontraran, pasaban el verano en El Escorial, el otoño en La Granja, el invierno entre Madrid y El Pardo y la primavera en Aranjuez. Lo cual es bastante comprensible cuando, nada más llegar a esta villa, nos recibe con un agradable clima y con un colorido inusual en esta época del año, el otoño. Porque si ahora podemos disfrutar de esta variedad de flores, es fácil imaginar la profusión de colores en la primavera de Aranjuez.



El gran apogeo de Aranjuez llegó en el siglo XVIII, bajo la monarquía de los Borbones. Felipe V que se había criado en Francia, decidió que dos de sus palacios, el de La Granja y el de Aranjuez, imitaran a los palacios franceses, es por eso que al contemplar estos hermosos jardines me vienen a la memoria, por su semejanza, los del Palacio de Versalles.


Felipe II encarga en 1561 a Juan Bautista de Toledo la construcción del Palacio Real como lugar de recreo, sobre los terrenos de una antigua residencia de la Orden de Santiago, obras que posteriormente continuaría Juan de Herrera. En su estilo destaca el clasicismo de los Austrias, el edificio está construido con alternancia de piedra blanca y ladrillo.


Después de cuatro siglos de uso y dos dinastías reinantes, este majestuoso palacio se abre al visitante para mostrar, como si de un museo se tratara, sus asombrosas estancias, las cuales no está permitido fotografiar por lo que tendremos que guardar su recuerdo en nuestra memoria.
Las estancias con mayor interés se encuentran en la planta alta, a la que se accede por una impresionante escalera coronada por una maravillosa lámpara de bronce dorado y cristal, de estilo imperio
Merece la pena visitar la Cámara de la Reina, el Oratorio, el Salón del Trono, el Salón de Baile y sobre todo el Gabinete de Porcelana, obra de la fábrica de porcelanas del Buen Retiro de Madrid, encargada por Carlos III, de estilo rococó, con motivos chinescos. Pero, sin duda, una de las salas más sorprendentes del palacio es el Gabinete árabe o Salón de fumar, sala realizada para la reina Isabel II, decorada con una fantasía árabe a base de mocárabes, similar a los interiores de la Alhambra de Granada, obra de Rafael Contreras Muñoz. 


En los exteriores del palacio se respira un clima romántico, con unas vistas fantásticas al río Tajo, que es el otro protagonista de esta ciudad, o tal vez haya que decir, el primero, ya que en realidad así fue. Las orillas del río y los jardines son punto de encuentro para visitantes y lugareños, personas de todas las edades, parejas, grupos de amigos, recién casados y abuelos con sus nietos se acercan hasta aquí para disfrutar de una relajada tarde y de paso, dar de comer a los graciosos habitantes del río, los patos, que son la diversión de los niños. Gracias a este caudaloso río Aranjuez es un vergel, lleno de frondosos árboles, ricas huertas y hermosos jardines, el agua es el alma de Aranjuez.




El gran escritor José Luis Sampedro proyectó la imagen de la ciudad en sus novelas "El río que nos lleva" y "Real Sitio". También el maestro Joaquín Rodrigo escribió el primer concierto para guitarra y orquesta, inspirado en los jardines del Palacio Real, lo describe como "la captura de la fragancia de las magnolias, el canto de los pájaros y el chorro de las fuentes de los jardines de Aranjuez".


Entre las monumentales fuentes de piedra, plomo y bronce que refrescan los jardines con sus chorros y cascadas, nos encontramos en el Jardín del Parterre con la diosa Ceres, diosa de la mitología romana protectora de la agricultura, que cumple muy bien su papel, como así lo demuestra la fertilidad de la amplia vega formada por el Tajo y el Jarama, cuyas huertas permiten unos cultivos de gran calidad.
En la imagen inferior la fuente de las Nereidas, otras son la de Hércules y Anteo, la de Neptuno, de Narciso, de Apolo... Es evidente la atracción por la cultura clásica de los antiguos monarcas, o al menos de aquellos que diseñaron estos jardines.




Los Jardines de Aranjuez representan un inmenso espacio en el que el arte y la naturaleza se han unido para crear un paisaje en armonía, lleno de árboles centenarios, fuentes, flores y esculturas que transmiten sensaciones y emociones en las cuatro estaciones del año. Además del Jardín del Parterre, en la parte posterior del Palacio, está el Jardín de la Isla, considerado como el más importante de la época de los Austrias y el extenso Jardín del Príncipe con sus ciento cincuenta hectáreas, que posee una gran variedad de árboles, fuentes, estanques y monumentos arquitectónicos como la Casa del Labrador.


El casco histórico fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1984, por su singular trazado y la uniformidad de estilo. Es obligación de los gobernantes mantener y cuidar este magnífico legado, que en ocasiones se ve afectado por las inclemencias y el paso del tiempo.
En la imagen inferior la Plaza de San Antonio o Plaza de la Mariblanca, de 18.000 metros cuadrados, rodeada de una doble hilera de árboles, con la Real Capilla de San Antonio al fondo. Es de estilo barroco, fue diseñada por Bonavía en 1750, durante el reinado de Fernando VI.


En el lateral occidental de esta plaza se encuentran  la Casa de los Oficios del siglo XVII y la Casa de los Caballeros del XVIII. Son edificios porticados que se construyeron para alojar a los servidores y visitantes de la Corte, fueron diseñados por Juan de Herrera y Juan de Villanueva.


Entre otros edificios de interés de la ciudad, un poco más alejados del centro, destaca la parroquia de Nuestra Señora de las Angustias, patrona de Aranjuez, que fue la antigua iglesia de Alpajés, un poblado medieval más antiguo que Aranjuez y que fue absorbido por éste. Fue la primera construcción religiosa del Real Sitio, en 1681, es de arquitectura clasicista, los materiales empleados fueron ladrillo visto y piedra blanca de Colmenar, en la fachada destaca el escudo de Carlos II con el Toisón.

Iglesia de Alpajés

Después aparece el Convento de San Pascual, mandado construir por Carlos III, obra realizada por el arquitecto Francesco Sabatini, en el siglo XVIII. Es de estilo clasicista, con fachada neoclásica rematada por dos torres.
Convento de San Pascual
A tres kilómetros de la ciudad, dignos de recorrer por su paisaje bucólico bordeado de altísimos árboles, como si de un largo corredor se tratara, un emocionante trayecto nos lleva hasta El Real Cortijo de San Isidro, un pequeño poblado creado en época de Carlos III. Lo componen varias dependencias y un amplio terreno de cultivo. De este real cortijo quedan los edificios principales, la Casa Grande, las Bodegas, la cueva y la Capilla. La iglesia es de estilo neoclásico, estaba dedicada a San Isidro y fue consagrada en 1789.


                            

Capilla de San Isidro

Bodegas de Carlos III
Cuando llega el momento de abandonar Aranjuez es inevitable el deseo de volver algún día, si es posible en primavera y respirar de nuevo ese ambiente romántico en sus jardines y paseos a la orilla del Tajo.

Más información en:
www.aranjuez.com
www.patrimonionacional.es

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